PANORAMA LATINO

Hombre camina ante mural con bandera panameña

¿Por qué tantos barcos llevan la bandera de Panamá?

Gracias a su ubicación y su forma delgada, Panamá disfruta de una posición como el guardián de una de las rutas más importantes de comercio marítimo del mundo, la que conecta los océanos Pacífico y Atlántico.

Durante cien años, el Canal de Panamá ha proporcionado un atajo para los buques que deseen evitar la ruta más peligrosa, vía Cabo de Hornos.

Conocido como una de las siete maravillas del mundo moderno, el canal de 77 kilómetros es una hazaña de la ingeniería que maneja el tráfico de 14.000 barcos cada año a lo largo de su intrincado sistema de esclusas.

Muchos de estos buques navegan con bandera panameña aun cuando el propio país tiene una limitada historia de comercio.

Panamá cuenta con una pequeña línea de transporte marítimo, así como varias empresas que ofrecen servicios marítimos complementarios alrededor de los puertos y del canal.

Mano de obra extranjera barata

La mayoría de los buques mercantes que tienen la bandera de Panamá pertenece a propietarios extranjeros que desean evitar las muy estrictas regulaciones marinas impuestas por sus propios países.

Canal de Panamá

Durante cien años, el Canal de Panamá ha proporcionado un atajo para los buques que deseen evitar la ruta más peligrosa, vía Cabo de Hornos.

Panamá opera lo que se conoce como un registro abierto. Su bandera ofrece las ventajas de registro más fácil (a menudo en línea) y la capacidad para emplear mano de obra extranjera más barata. Además los propietarios extranjeros no pagan impuestos sobre la renta.

Cerca de 8.600 barcos ondean la bandera panameña. En comparación, EE.UU. tiene unas 3.400 embarcaciones registradas y China poco más de 3.700.

Según el derecho internacional, cada nave mercante debe estar registrada en un país, conocido como Estado Bandera.

Ese país tiene jurisdicción sobre el buque y es responsable de la inspección que garantice que es de segura navegación y de la revisión de las condiciones de trabajo de la tripulación.

Los registros abiertos, a veces denominados de forma peyorativa como banderas de conveniencia, han sido polémicos desde el principio.

La primera transferencia de buques al registro de Panamá, en 1922, involucró a dos barcos de pasajeros estadounidenses que deseaban servir bebidas alcohólicas a los pasajeros durante la Ley Seca.

Cerca de 8.600 barcos ondean la bandera panameña. En comparación, EE.UU. tiene unas 3.400 embarcaciones registradas y China poco más de 3.700.

A aquel caso le siguieron otros cuyos propietarios buscaban pagar salarios más bajo y evadir las mejores condiciones de trabajo que garantizaba la legislación estadounidense.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el registro de Panamá creció más rápidamente, a medida que los propietarios de barcos de EE.UU. buscaban bajar sus gastos generales. Los europeos cambiaron banderas para evadir las altas tasas impositivas.

A medida que aumentó la demanda por el registro abierto, otros países en el mundo en desarrollo crearon los suyos. EE.UU. utilizó el registro de Liberia para construir una flota de barcos neutrales durante la Guerra Fría.

Panamá ahora tiene el registro más grande en el mundo, seguido de Liberia, las Islas Marshall, Hong Kong y Singapur. El año pasado, casi tres cuartas partes de la flota mundial estaba registrada bajo bandera de un país que no era el suyo.

El registro es lucrativo para Panamá. Le proporciona unos US$500 millones a la economía en honorarios, servicios e impuestos.

Sin embargo, críticos del sistema señalan la facilidad que tienen los propietarios de buques para ocultar su verdadera identidad y la aplicación laxa de las normas y reglamentos.

Hombres producen alcohol

La primera transferencia de buques al registro de Panamá, en 1922, involucró a dos barcos de EE.UU. que deseaban servir alcohol a los pasajeros durante la Ley Seca.

Acusaciones de corrupción

Luis Fruto, representante de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés) en Panamá, dice que el país se hace la vista gorda a sus “responsabilidades con el fin de tener un mayor registro”.

La ITF ha liderado una campaña contra las banderas de conveniencia desde 1958. El organismo considera que el registro panameño es mejor que otros “desde un punto de vista de seguridad, pero sigue teniendo fallas en áreas como la supervisión, investigación de accidentes y asistencia de la tripulación”.

Panamá ahora tiene el registro más grande en el mundo, seguido de Liberia, las Islas Marshall, Hong Kong y Singapur. El año pasado, casi tres cuartas partes de la flota mundial estaba registrada bajo la bandera de un país que no era el suyo.

Dos años atrás, Fruto investigó la muerte de una mujer marinera de 22 años que hacía su primer viaje. Ella quedó atrapada en la maquinaria que había sido reportada como defectuosa y murió.

La ITF dice que, en lugar de dirigirse al puerto más cercano, como dictan las normas, el barco siguió navegando durante más de dos semanas con el cuerpo en un congelador.

La investigación posterior de la ITF sugirió que algunos de los certificados de navegación de la nave habían sido comprados.

Los requisitos legales internacionales insisten en que los países que operan registros abiertos deben inspeccionar buques, cumplir con las regulaciones internacionales e investigar los accidentes y la corrupción.

Pero los críticos dicen que Panamá toma atajos en el cumplimiento de todas estas tareas, poniendo en riesgo a los trabajadores marítimos.

De hecho, el número de accidentes que han involucrado buques registrados en Panamá es elevado.

Sin embargo, Carlos González, ex secretario ejecutivo de la Autoridad Marítima de Panamá, atribuye esto a un juego de números.

Panamá tiene la mayoría de los barcos y, por tanto, la mayoría de los incidentes, dice.

Desde 2008, Panamá ha reducido considerablemente el número de delitos, al punto de ir de la lista negra a la blanca en el Memorando de Entendimiento de París, un organismo de control que comprende 27 administraciones marítimas de Europa y América del Norte.

Aun así, el registro de Panamá es acosado constantemente por acusaciones de corrupción.

Barco de bandera panameña medio sumergido

A los críticos les preocupa de que los bajos estándares en la aplicación de regulaciones conduzca a más accidentes.

Escándalo

En 2000, el secretario general de la ITF, David Cockroft, pudo comprar un certificado de primer oficial panameño para navegar un barco por US$4.000, a pesar de que no tenía competencia o experiencia marítimas.

Pese a las reiteradas aseveraciones de que el país está limpiando sus procederes, Roberto Linares, el jefe de la Autoridad Marítima de Panamá, renunció en junio después de que se descubrió que los trabajadores estaban siendo certificados sin las calificaciones adecuadas.

“El escándalo nos retrotrae a los días en que Panamá fue llamado una ‘bandera de conveniencia’, dice Franklin Castrellón, exportavoz de la Comisión del Canal de Panamá, una agencia independiente que operó el canal hasta que el país tomó el control de manos de EE.UU. en 1999.

El registro de Panamá va a durar por siempre. Aquellos a quienes no les gusta el registro abierto puede optar por hacer algo distintos con sus barcos.

Jorge Barakat, el nuevo jefe de la autoridad marítima, dijo: “La bandera panameña sigue siendo sólida y segura. Cualquiera haya sido incumplimiento, eso será revisado por la gerencia”.

Como un empresa comercial, la bandera de conveniencia es un éxito. Pero de acuerdo con la ITF, esto tiene un costo.

“Distorsionando el mercado”

Se cree que la economía mundial podría sobrevivir a una prohibición de las banderas de conveniencia y a la elevación de los costos que, se dice, produciría esto.

El secretario de la ITF, Jon Whitlow, dijo: “Habría cierta reconfiguración Los efectos positivos incluiría mayores protecciones y salvaguarda para la gente de mar que se vería una vez más en un buque de bandera nacional”.

Los precios del transporte subirían, aunque la libre competencia ha distorsionado ampliamente el mercado, dice.

Sin embargo, los defensores del sistema dicen que esta forma de pensar es anticuada y que las banderas de conveniencia están aquí para quedarse.

“El registro de Panamá va a durar por siempre”, dice Jorge Luis Sánchez, profesor de la Universidad Marítima Internacional de Panamá. “Aquellos a quienes no les gusta el registro abierto puede optar por hacer algo distintos con sus barcos”.

Jazmina Rovi, exdirectora de la Asociación Panameña de Derecho Marítimo, dijo que los sindicatos están mejor con la aplicación de normas uniformes que con la eliminación completa del registro.

Con una nueva gerencia marítima juramentada el mes pasado, aún está por verse si Panamá tomar medidas contra las infracciones de corrupción y de seguridad o seguir viviendo con la mancha de seguir aferrada a las banderas de conveniencia.

BBC Mundo

Semana decisiva para la deuda Argentina

Este miércoles vence el plazo fijado para que Argentina pague una deuda con bonistas internacionales. Su voluntad de pagar es clara, pero según la sentencia del juez estadounidense Thomas Griesa, tendrá primero que saldar de una sola vez su deuda con los hold-outs que no aceptaron una quita. Argentina podría caer en default si no llega a un acuerdo con los llamados fondos-buitre.

Argentina está una vez más al borde de la quiebra. Pero en lugar de negociar con los acreedores, el gobierno se coloca en posición de víctima, lo que complica aún más la de por sí difícil situación económica del país.

Los argentinos tienen siempre presente la última crisis económica. Cuando oscurece en Buenos Aires, y en otras grandes ciudades, salen a la calle los “cartoneros”, gente que tira de enormes carros juntando cartón y papel. Luego de horas de arduo trabajo, los cartoneros transportan su cosecha del día a un punto de encuentro en el que los esperan los mayoristas con sus camiones. Les pagan seis pesos (60 céntimos de euro) por cada diez kilos de papel usado.

Los cartoneros forman actualmente parte de una floreciente industria del reciclaje. No solo juntan cartón, sino también vidrios y plástico. Su trabajo surgió producto de la última vez que el Estado argentino cayó en cesación de pago, en 2002. A causa de la crisis se vieron afectadas no solo las personas de menores recursos, sino que se dio un nuevo fenómeno: numerosas familias de clase media cayeron en la pobreza. Muchos de ellos comenzaron entonces a recoger desechos y a venderlos, convirtiéndose en un símbolo de la quiebra del país.

Si hay bancarrota, será distinta

Ahora, a trece años de la crisis, Argentina vuelve a estar en peligro de caer en bancarrota, pero la situación es muy distinta. En 2001, Argentina estaba completamente

Los cartoneros: juntar cartón surgió como alternativa de empleo en la crisis.Los cartoneros: juntar cartón surgió como alternativa de empleo en la crisis.

endeudada. Hoy, el monto de la deuda externa argentina es de cerca del 46 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, que se mantienen dentro de un límite aceptable. El motivo que le impide pagar a Argentina es ahora una absurda pelea con los fondos hedge, que aún poseen bonos estatales. Un tribunal de EE. UU. dictaminó que Argentina debe pagar a esos fondos, los llamados “fondos buitre”. Se trata de una suma de 1.300 millones de dólares, lo cual, en realidad, no representa un problema grave.

Sin embargo, el gobierno de Buenos Aires no paga. En lugar de eso, pinta un panorama estremecedor: si se les pagase a los fondos buitre, también los otros acreedores, que aceptaron un recorte de la deuda a favor de Argentina, reclamarían su dinero, con lo cual la suma a pagar ascendería a 120.000 millones de dólares. Si eso sucediera, Argentina caería en quiebra.

Un círculo difícil de romper

Sea como fuere que termine esta disputa, para la economía argentina, de por sí ya bastante golpeada, este desarrollo es catastrófico. “Es diferente a la crisis del 2001”, explica Fausto Spotorno, analista del instituto privado OJF & Asociados. “Esta vez no va a haber una recesión galopante. Los efectos se harán sentir después de un tiempo”. Pero las bases de los efectos que menciona el experto ya fueron sentadas hace varios años. La economía argentina no crece desde 2011, asfixiada por la política monetaria y las arbitrarias regulaciones a la importación impuestas por el gobierno, que no logra poner coto a la inflación e invierte millones en gasto público para ganarse la simpatía del electorado que lo apoya.

Ese círculo vicioso se cerrará aún más si se produce una cesación de pago, opina Luis Palma Cané, de la asesora económica Fimades: “Entonces entrarían aún menos dólares al país, y eso se hará notar en que en Argentina habrá cada vez menos seguridad jurídica, lo que nos va a aislar todavía más del resto del mundo. Como consecuencia, podremos importar cada vez menos bienes y materias primas, lo que, a su vez, tendrá un efecto negativo en la producción industrial y, a raíz de eso, también en el PIB.

Teorías de conspiración y cifras falsas

Cristina Fernández de Kirchner, con Xi Jinping. En lugar de introducir las reformas necesarias desde hace tiempo, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, pregona en sus discursos que el enemigo está allí afuera y amenaza la soberanía argentina y el desarrollo social. Actualmente, los fondos hedge son, según ella, el enemigo público número 1, un lugar que normalmente ocupa el Fondo Monetario Internacional. Para poder sostener esa visión del mundo, el gobierno no tiene escrúpulos en publicar estadísticas basándose en cálculos de dudoso fundamento, e incluso hasta en falsificarlas. De acuerdo con cifras oficiales, la inflación y la tasa de pobreza están claramente por debajo de los resultados de analistas independientes.

En cuanto a la continua alza de precios en los artículos de primera necesidad, el gobierno argentino responsabiliza a las cadenas de supermercados y a los productores agrícolas, que, según él, retienen las cosechas y nunca están satisfechos con sus ganancias. En lugar de enfrentar las verdaderas causas del problema, se inician campañas como la de “Precios cuidados”, a través de la cual se congelan los precios de ciertos productos por decreto, procedimiento que es controlado por La Cámpora, el partido de la juventud kirchnerista. Pero los consumidores notan claramente que los productos de precios “congelados” faltan en los estantes, y que los artículos alternativos son tan caros que casi nadie puede comprarlos.

La confianza se perdió

Al mismo tiempo, la producción industrial se contrae cada vez más en Argentina. Casi nadie posee el dinero suficiente como para comprarse, por ejemplo, un automóvil. En consecuencia, las fábricas despiden a sus empleados porque no hay suficientes ganancias. Los desempleados, por otra parte, cobran un subsidio del Estado y votarán por sus benefactores en las próximas elecciones. En cuanto a las inversiones, cada vez son más escasas, en especial, las del extranjero. “El problema es que Argentina no se ha comportado como un deudor confiable en los últimos años, como uno al que se le puede seguir creyendo. Es por eso que ahora todos duden, naturalmente, de si pueden volver a confiar en Argentina”, explica Spotorno.

A todo esto, en lugar de construir las bases para la confianza, el gobierno de Kirchner se autoelogia diciendo que en los últimos diez años en los que gobernó el fallecido Néstor Kirchner fueron la “década ganada”. Después de todo, dado que el límite de pobreza en Argentina está en los 1.780 pesos mensuales (unos 180 euros), y una familia de cartoneros gana, en promedio, 4.800 pesos (480 euros), las cosas no estarían del todo mal, parece querer decir Cristina Kirchner.

Reportaje de DW

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