Estados Unidos y Cuba ultiman la reapertura de sus embajadas

EL PAÍS: Sonrisas y una agenda muy concreta. La cuarta ronda de conversaciones entre Cuba y Estados Unidos ha comenzado este jueves en Washington con el objetivo declarado de ultimar los detalles que faltan para poder anunciar la reapertura de embajadas, uno de los pasos más simbólicos en el proceso de normalización de relaciones iniciado hace casi seis meses.

El encuentro a puerta cerrada en el Departamento de Estado norteamericano está encabezado una vez más por la máxima responsable para América Latina del Departamento de Estado, Roberta Jacobson, y la más alta responsable de las relaciones con EE UU del Ministerio de Exteriores cubano, Josefina Vidal.

Tiene lugar mes y medio después de que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro celebraran un histórico encuentro en Panamá y cuando quedan solo ocho días para que Cuba salga de la lista negra estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo. Este era un requisito clave de La Habana en el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas. De hecho, el propio Castro dio su beneplácito personal al siguiente paso al declarar, hace una semana, que el nombramiento de embajadores podrá tener lugar tras la salida formal de Cuba de la lista negra, el 29 de mayo.

Mientras, se ha resuelto también otra de las trabas para Cuba en el proceso de negociación: su Sección de Intereses en Washington ha encontrado, tras más de un año de búsqueda infructuosa, un banco con el que poder realizar sus operaciones en territorio estadounidense. Se trata, según medios locales, de Stonegate, un pequeño banco de Florida que asumirá las cuentas de la Sección de Intereses y, cuando cambie su estatus, de la embajada cubana.

Cuba ha declarado que estos dos pasos crean el “contexto apropiado” para proceder a nombrar embajadores. Pero todavía no está allanado todo el camino.

EE UU quiere que sus diplomáticos en Cuba tengan mayor libertad de movimientos. Hasta ahora, no pueden salir de La Habana sin permiso. También los diplomáticos cubanos tienen limitados sus movimientos en Washington y en Nueva York, donde están representados ante la ONU.

En declaraciones ante el Senado el miércoles, Jacobson reiteró que para Washington este punto es uno de los “más importantes” en su lista para reabrir embajadas.

“Una de las cosas más importantes es poder viajar por Cuba y poder interactuar con el más amplio número posible de ciudadanos cubanos”, señaló. “Y es clave también que nuestros diplomáticos puedan observar las cosas en primera persona, algo que no ha sucedido en el pasado”, agregó.

EE UU también quiere que los cubanos puedan ingresar a su Sección de Intereses —y futura embajada— en La Habana sin sufrir el acoso de los agentes cubanos apostados en su exterior. Y se declara dispuesto a continuar —para indignación de Cuba— con los “programas de democracia” que imparte dentro del recinto diplomático, como cursos de periodismo criticados directamente por Castro. Aun así, en declaraciones previas a la cita de este jueves, una alta funcionaria del Departamento de Estado recordó que este tipo de programas no son “estáticos”, sino que podrían evolucionar, igual que han cambiado las circunstancias en la isla, donde ahora más cubanos tienen libertad para salir del país, entre otros.

Independientemente de que las partes solucionen o no en esta nueva ronda negociadora los detalles pendientes, la apertura de embajadas no será tampoco inmediata. Entre otros, el Gobierno de Obama tiene que notificar al Congreso su intención de dar este paso al menos 15 días antes de que efectivamente se abra la legación diplomática. Tanto Washington como La Habana deberían además informar de sus intenciones previamente a Suiza, el país bajo cuya protección han estado operando las respectivas secciones de intereses abiertas en 1977.

Aunque la reapertura de embajadas está considerada un gesto de alto valor simbólico y, en cierto modo, el sello al restablecimiento de relaciones diplomáticas, tanto Cuba como EE UU han sido muy claros al subrayar que eso no es más que el primer gran paso de un largo camino hacia la normalización total de relaciones. Y los obstáculos en ese trayecto son aún enormes: no solo está la cuestión del embargo a la isla, en lo que es el Congreso y no la Casa Blanca el que tiene la última palabra. También queda el diferendo por el territorio de Guantánamo donde EE UU tiene una base militar y la denostada prisión. La Habana exige su devolución, pero Washington asegura que este tema ni siquiera está en la actual mesa de negociaciones.

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