Cuba-Estados Unidos: después de las escenificaciones

8046943733_08e89c58d4Los anuncios de buenas intenciones entre los gobernantes de Cuba y Estados Unidos han trascendido en todo el orbe. El proceso de acercamiento en ciernes entraña el reto de materializar las aspiraciones mayoritarias reflejadas en las encuestas porque en la isla y en su vecino al norte, el restablecimiento de relaciones tiene el apoyo de buena parte de sus sociedades para que la realidad sea otra: sin bloqueo-embargo externo o propio.

El tirón de las perspectivas esta trascendiendo mas allá de los enfoques habituales sobre los desencuentros o las faltas de libertades. Queda por ver si los esfuerzos bilaterales logran dejar atrás las imágenes del enconado enfrentamiento histórico para que las diferencias se diriman a través del dialogo. Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos. Tampoco patrocina el terrorismo. Desde ese convencimiento y de que los intereses para abortar el proceso actual están en minoría, los pasos  del acercamiento pueden construir un invaluable puente entre ambas naciones.

A partir de la determinación de las embajadas afloraran con mas fuerza las propuestas comerciales y de inversión. Cuba necesita encarecidamente la inyección  de 2,500 millones de dólares anuales para remontar su deterioro económico.  El proceso de valoración y respuesta de sus instituciones tendrá que agilizarse para aprovechar la coyuntura que podría quedar lastrada por la lentitud en la toma de decisiones o la incertidumbre del entramado burocrático. Sería un error desestimar el tirón de las oportunidades que aparecen gratuitamente y a diario en diversos medios, entre muchas razones porque contribuye a ampliar la resonancia de las posibilidades que ofrece Cuba, tan requerida de diversificar sus relaciones comerciales y de dejar atrás la dependencia de ciertos mercados en sectores tan sensibles como el energético.

Que la paciencia no derive en inoperancia es una de las preocupaciones de los mas sufridos. Familias en Cuba y Estados Unidos expresan sus comprensibles expectativas a partir de las declaraciones de Raúl Castro y Barack Obama. La conveniencia de quienes se aferran al pasado no debe seguir siendo la punta de lanza para fomentar hostilidades. Cuba debe dar pasos. Estados Unidos debe respetar esos pasos y dar los suyos. Si es cierto que la historia de sus intervenciones ha concluido no se entiende la existencia del bloqueo-embargo.

Los titulares identifican a la VII Cumbre de las Américas como el punto de partida histórico. Las  secuencias del encuentro entre el líder cubano y el norteamericano alimentan la ilusión de quienes ya tienen un presente para el ansiado mejoramiento de las relaciones entre sus respectivos países. Por delante queda la efectividad de la andadura que deben construir Cuba y Estados Unidos tras las escenificaciones.

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