Diálogo Colombia-FARC: la añorada paz no será gratis

A justo dos años de comenzados los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, los avances alcanzados -tres puntos de una agenda de seis- permiten vislumbrar los mayores desafíos de una era posterior al largo conflicto.

Aunque optimista, Angelika Rettberg Beil, catedrática de la Universidad de los Andes en Bogotá, ve en la implementación de los mismos el mayor de los desafíos. “Requiere mucho más que la voluntad del gobierno y de las FARC, por el contrario que instituciones y diferentes sectores de la sociedad civil participen, avalen y colaboren. Eso entra en la fibra misma de la sociedad colombiana”, dice a DW Rettberg, investigadora también para el GIGA de Hamburgo.

Subrayando que las negociaciones con el ELN, el otro grupo armado del país, están apenas empezando y que “en Colombia siguen las balas y se violan los derechos humanos todos los días”, Carolina Mayra Johansen, de FoKKUS (Forum for Women and Development) destaca en conversación con DW la importancia histórica de las negociaciones en La Habana. “Falta mucho, un acuerdo sería sólo el principio de la construcción de algo mejor”, afirma.

Esta red noruega trabaja con organizaciones en el terreno con las perspeciva de género. “Las mujeres no son sólo las víctimas del conflicto, sino agentes de cambio para una paz duradera”, dice a DW Johansen.

“Han sido miles y miles de mujeres violadas por actores armados de todos los bandos. No puedes llevar a todos los violadores a la cárcel, pero tampoco puedes vivir en la impunidad”, plantea, desde la práctica, Johansen. En este sentido, destaca lo positivo de que las víctimas hayan podido participar -aunque tangencialmente- en los diálogos en la isla caribeña y que se haya logrado incluir la perspectiva de género. “Para Noruega, garante del proceso de paz, esto representa un avance”, afirma la activista.

Los dos años de diálogos se cumplen a pocos días de un viaje a Europa del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, buscando apoyo político para un proceso de pacificación del país, que desde Europea se ve con buenos ojos. Diversos son los intereses en el país del más reciente milagro económico en la región latinoamericana y el apoyo se ve venir.

Los costos de la paz

Con todo, Rettberg subraya su escepticismo “con respecto a que alguien diferente a los mismos colombianos vayamos a pagar la mayor parte del coste del posconflicto. La misma UE tiene otros problemas y conflictos que prioriza. Creo que su apoyo tendrá menos forma de fuente de recursos -como sí lo hizo en Irlanda y en otros conflictos-. Más bien será legitimar el proceso”.

En otros palabras: la desmovilización, reintegración y reparación de las víctimas necesitará recursos; el aceptar que los diversos actores armados, que según Rettberg “han cometido todos diversos niveles de atrocidades”, se puedan postular a una elección será un gran costo social.

Aunque Colombia reeligió a Juan Manuel Santos y sectores de izquierda apoyaron su candidatura que llevaba por bandera el conseguir ese acuerdo de paz con los grupos armados, la oposición dentro del país está en el mismo Congreso, liderada por el expresidentes Álvaro Uribe.

“Esa oposición ha sido la más reacia a aceptar que sean desmovilizadas las FARC sin castigos severos, a aceptar que ocupen cargos públicos, son más demandantes y más exigentes con respecto a las condiciones en las que el Estado colombiano debe aceptar la desmovilización de este grupo”, puntualiza Retteberg.

No obstante, la paz es un clamor y no es la primera vez que la población colombiana se enfrenta a una negociación.

“El país lleva muchos años preparándose. Tenemos iniciativas de construcción de paz desde los años 90 cuando con la primera gran crisis humanitaria empezaron a llegar a Colombia instituciones internacionales que se ocuparon de temas puntuales de atención a víctimas y que tienen un legado muy importante. Colombia cuenta ya con una capital muy importante que la prepara para el postconflicto posible con las FARC”, afirma Retteberg.

La investigadora ve, en el postconflicto, el mayor de los desafíos: “Asumir los costos. Históricamente, revisando encuestas, los colombianos siempre han favorecido las negociaciones. Pero para asumir sus costos, no estamos preparados. Siempre hemos esperado que la paz sea gratis”, concluye Retteberg.

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